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30 Abr 2015

Los domingos comemos en casa

Comida familiar

Seguimos sin encontrar consenso en el tema de las camas o las recámaras separadas, son muchos los argumentos que animan a tomar la decisión de romper los paradigmas y cambiar la manera tradicional de vivir en pareja, pero es un tema tan personal, tan íntimo que, al final, la mejor solución será la que más convenza a cada matrimonio.

Comidas familiares.

Hoy nos apetece hablar de las comidas familiares. Cada día aparecen nuevos programas de televisión sobre cocina, más libros, más videos, en suma, mucha más información a nuestro alcance. La cocina ha tomado glamour y los cocineros se han convertido en personajes famosos, ahora, hablar de Ferran Adriá, de Mikel Alonso, Pablo San Román, Enrique Olvera o Martha Ortiz resulta más cercano y su influencia se nota plenamente en la nueva manera de afrontar las comidas familiares. Aquella distancia, aquel respeto a los fogones e incluso aquella reverencia casi sagrada ha mutado hoy en cercanía, en cotidianidad, se afronta y se enfrenta con mucha más naturalidad y el encanto de cocinar se comparte y se disfruta mucho más que nunca. Hoy la cocina es mucho más plural e incluso los más pequeños empiezan a sentirse cómodos entre cucharones.

El comedor.

Comida familiar 2

El viejo comedor de la casa de los abuelos, con sus sillas de caoba talladas a mano y su aparador repleto de porcelana china, tanto, que estos muebles llegaban a llamarse chineros, esa enorme mesa de nogal, cubierta con un mantel de lino bordado y los catorce o más lugares perfectamente identificados y decorados con vajilla de Talavera, servilletero y cubertería de plata; esa escena, ha cambiado mucho. Aunque nos sigue conquistando el mole de la abuela, con su guajolote, su arroz a la mexicana y las tortillas recién hechas en el comal de la cocina, aunque seguimos aplaudiendo su paella o su chicharrón prensado, en nuestros días ya no es la única que domina la cocina y las competidoras y competidores aparecen donde menos se lo espera. El cuadro es distinto desde la decoración y el ambiente; la mesa es minimalista, las sillas son sencillas, de pata recta y tapiz liso en color almendra, nada que ver con el antiguo comedor familiar. La vajilla es negra, sencilla, y la cristalería de vidrio soplado rojo, el mantel de hilo comprado en Teotitlán del Valle en la última visita a Oaxaca es una pequeña muestra de arte mexicano, apreciado y distinguido, el toque étnico que diría Lourdes, la dueña de la casa. El chef es Fernando, sí, el primo Fernando que además es Ingeniero industrial y trabaja diseñando en la fábrica de juguetes, pero que a fuerza de ver el Canal Gourmet ha desarrollado la extraña habilidad de sorprendernos con su ensalada de endivias y salmón, con un magret de pato en salsa de arándanos y, muy especialmente, con sus frutos rojos sobre cama de hojaldre bañados de crema y regaliz.

Calor de hogar.

Calor de hogar

Alrededor de la mesa todos somos expertos, la conversación gira entorno a tendencias culinarias, con opiniones dignas de los más avezados críticos gastronómicos, la sobremesa es pausada y antes de pasar a la sala, se dedica un aplauso unánime al cocinero que amenaza con sorprendernos próximamente con su nueva creación a base de rellenar nopales con caviar de Beluga.

La casa es la casa y el calor del hogar se vive en muy distintas formas, se respira en esas tardes de domingo el más dulce aroma de familia. Cuando se pierde la formalidad sin perder las formas, cuando papá sube los pies a la mesa de centro y la tía Susana prefiere un lugar en la alfombra renunciando a su espacio reservado en el sofá, cuando el abuelo se queda dormido en el sillón, plácido y feliz porque se siente rodeado, querido, vivo y necesitado, y la postal podría romper los récords de empalago cuando la abuela se abraza a Fernando y le hace dos comentarios, llenos de cariño aunque un poquito hipócritas alabando su estilo y su sazón.

Esas tardes de domingo cuando no somos capaces de ponernos de acuerdo para ir al cine, por tanto, simplemente no vamos, cuando se necesitan dos horas para convenir a qué jugaremos, un juego que irremediablemente terminará en diez minutos porque todos tenemos compromisos el lunes, esas tardes donde se mantienen seis o siete conversaciones al mismo tiempo y uno tiene la sensación de estar atendiendo a todas, esos días donde los primos se hacen más primos y se sellan relaciones que durarán una vida.

Por eso, los domingos me gusta tanto comer en casa.